Mucho oímos acerca del error humano que acepta lo que es fingido como si fuera real. Pero vale la pena recordar que, con las cosas extrañas, a menudo tomamos lo que es real por lo que es fingido.
G. K. Chesterton, El mundo al revés (La Espiga de Oro, Buenos Aires, 1945).
Recuerdo un día de mi juventud: estaba con un amigo en su coche; delante nuestro, la gente cruzaba la calle. Reconocí a una persona que no me gustaba y se la señalé a mi amigo: "¡Aplástalo!". Naturalmente, era una broma, pero mi amigo se encontraba en un estado de extraordinaria euforia y aceleró. El hombre se asustó, resbaló y cayó al suelo. Mi amigo detuvo el coche en el último momento. El hombre no estaba herido; no obstante la gente se arremolinó a nuestro alrededor y querían (los comprendo) lincharnos. Ahora bien, mi amigo no tenía corazón de asesino. Mis palabras lo habían empujado a un breve éxtasis (por otra parte, uno de los más extraños: el éxtasis de una broma).
Milan Kundera, Los testamentos traicionados, Ediciones Destino, 1993.