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    Cyberfeminismo

     
      Hacer habitable la red, urbanizar este territorio expandido de las comunicaciones informáticas ha sido uno de las tareas que han convocado a muchos artistas, críticos, activistas políticos, e historiadores. La década anterior se ha desarrollado en el espacio cybernético motivada, con gran generosidad por muchos de sus pioneros, por un último aliento utópico tal vez característico de todo fin de sigloque intentaba aplicar los criterios de interactividad, y participación, bajo la perspectiva de hacer posible la globalización de la creatividad y la universalización de las libertades.
     
    En este contexto, el cyberfeminismo se puede entender como un espacio abierto de posibilidades que se dan para el pensamiento y el activismo feminista en la red. Recordemos que coinciendo con los orígenes del Net Art algunas de las artistas más reconocidas como Jenny Holzer, o Julia Scher junto con otros artistas como Lawrence Weiner, estuvieron invitados por Benjamin Weil a experimentar con los procedimientos de Internet en uno de los web sites más míticos Äda'Web.
     
    Sin embargo el momento álgido del cyberfeminismo se desarrolla cuando en septiembre de 1997 se celebró en Kassel la Primera Internacional Cyberfeminista en la Documenta X. Net, artistas mujeres comenzaron entonces a ganarse una posición reconocida. Rachel Baker, Josephine Bosma, Shu Lea Cheang, y las VNS Matrix -un grupo de artistas y activistas de Adelaide (Australia) que escribieron ya en 1991 el primer Manifiesto Cyberfeminista-, todas ellas eran de las pocas mujeres que estaban haciendo importantes trabajos.
     
    Internet en general vivía en aquellos años un momento de euforia y entusiasmo, y un movimiento tan plural y activista como el cyberfeminismo nacía en un clima de optimismo.
     
    Muchas son las preguntas que podemos hacernos. Entre ellas, las que nos plantea Alex Galloway: "¿En qué medida nos marca sexualmente la tecnología?, ¿Se consigue desterrar la discriminación de Internet con el anonimato sexual del medio?, ¿Puede la tecnología ayudarnos a superar el patriarcado?"
     
    Ana Martínez-Collado
     
     
    Fragmento del artículo Cyberfeminismo: Tecnologías de la subjetividad y políticas de género en las redes de la nueva comunicación.
    Texto e imagen:
    http://www.estudiosonline.net/temp/contraposiciones/anamartinez.htm
     
     

    Arte hallado entre los escombros

     
    Para Baudelaire el artista moderno es un trapero, un ropavejero que recupera los despojos y las sobras que la sociedad industrial arroja en los contenedores. En tantísimas ocasiones, Baudelaire repitió que el poeta moderno era el que recogía los temas de su arte de entre la basura y los escombros: de entre los desperdicios de la opulenta sociedad capitalista. Allí, en la basura, los objetos pierden su identidad, su función y su origen, recogen los atributos que el nuevo propietario les da y la proximidad con otros desperdicios les recubre de un nuevo sentido, de una extraña analogía y, a menudo, de una sorprendente expresión. Con sus nuevos atributos, esos desperdicios, que el poeta reconoce en su fragmentación y en su nuevo orden, le muestran la pérdida de sentido de la unidad tradicional, en que cada cosa era la que era, en una "absence complète d´unité". Ahora, cada cosa es distinta de la que fue y no remite ya a la totalidad, sino a la fragmentación de todo.

    La nueva poesía, el nuevo arte, surge de arrancar de los elementos de la realidad lo que poseen de más propio, de liberarlos de su antiguo sentido y de mostrarlos en un significado nuevo que se manifiesta en su materialidad, en su humildad y en su excrecencia. El artista moderno, para Baudelaire, es aquel capaz de dar contenido poético a lo que era precario y transitorio y de mostrarlo, de entre tanto magma informe, en una noble distinción capaz de liberarlo de lo que fue para llegar a ser lo que la imaginación procura que sea.

    Naturaleza / Ciudad
    Ya no es la naturaleza la que ofrece los temas al arte; ni su representación ni su emulación despiertan la necesidad de poetizar: es en la vida de la metrópolis, con sus infinitas transformaciones, correspondencias y conexiones, donde la poesia muestra su capacidad universal de metamorfosis. En la naturaleza, todo permanece idéntico a si mismo; apenas los fenómenos naturales pueden transformarle su sentido. En la ciudad industrial nada permanece, está todo en constante y profundo cambio y pocas cosas pueden identificarse y reconocerse, como no puede identificarse al ciudadano ni reconocer el sentido de sus desperdicios, ni el cúmulo de ideas, imágenes y emblemas que todo ello despierta en el artista y en el posible espectador.

    Baudelaire, poeta capaz de teorizar sobre su propia poesía y de reflexionar sobre la vida y la estética de la ciudad industrial, sintetizó la compleja experiencia de una sociedad que veía atónita la fragmentación del mundo en miles de objetos y formas sin sentido y que se consideraba inacapaz no tan sólo de ofrecerles otro nuevo, sino de asumir que sólo desde el sujeto y desde la autonomía de la subjetividad podría encontrarse algún sentido a todo ello, aunque fuera individual, transitorio, subjetivo y arbitrario.

    Los objetos que produce la civilización industrial tan sólo tienen valor cuando están en uso; cuando dejan de hacerlo pierden cualquier otro valor posible, apenas son nada; artefactos irreciclables que mueren en la soledad de los escombros y en los rincones más polvorientos de nuestros domicilios despojados de sus atributos originales, y que nunca serán antigüedades puesto que perdieron el misterio de su azarosa belleza, vestigios del pasado a los que el tiempo no puede devolver la nobleza de su utilidad, ni revelar la actualidad de su melancólica presencia. ¿Qué podemos hacer por un ordenador anacrònico, por un móvil obsoleto, por un televisor estropeado, por un automóvil siniestrado? Tirarlo a la basura. O, como pretendía Baudelaire, ofrecer a estas escorias otro sentido, otra función, otra forma de permanecer en el mundo que revelen aquello de eterno que su constante uso encubrió bajo la necesidad de su funcionamiento.

    Apenas se recogió la propuesta de Baudelaire y habríamos de esperar a algunos poetas simbolistas, Mallarmé, Rimbaud, Corbière, Lafargue, Proust, Eliot, para que actualizaran las teorías estéticas de Baudelaire en esa poesía que ennoblece el tedio del domingo por la tarde o el dormitorio de la secretaria particular que deja secar la ropa interior sobre el espejo de la cónsola. Este recurso literario y filosófico que Baudelaire nombró como alegoría y que Walter Benjamin redefinió, muestra simultáneamente la gloria del pasado y la ruina del presente, la totalidad de lo que fue y la fragmentariedad de lo que irremediablemente es ahora. Sin embargo serán los pintores y escultores de las primeras vanguardias los que devolverán la verdadera actualidad a esa recuperación del escombro y la basura que bajo la palabra mágica de collage reivindicaron lo que de suprasensible aún mantienen nuestros desperdicios.
     
    Antoni Marí
    Fuente: Artículo escrito por el poeta Antoni Marí en La Vanguardia, 07/12/2005.